Recorriendo Buenos Aires sola por primera vez

Hola! Acá estoy de vuelta, esta vez para contarles cómo siguió mi viaje allá por mayo de 2015 después de aquellos hermosos días en Colonia que conté en la entrada anterior 😉 Aproveché que “me quedaba de pasada” y, antes de volver para mi ciudad y empezar a buscar trabajo, me quedé unos días en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sobre todo quería ir a la Feria del Libro (particularmente a la presentación del nuevo libro de mi autora favorita: sí, ese que me compré antes de cruzar el charco) y quería conocer la cancha del club del cual soy hincha… la mítica Bombonera. Pero también aproveché para pasear un montón y conocer muchos lugares que toda mi vida había escuchado nombrar o había visto en la televisión y que, aunque no son muchos kilómetros de distancia los que me separan de “la gran ciudad”, hasta el momento no me había animado a ir sola.

Empecé mi recorrido apenas bajé del barco que me trajo de vuelta desde Colonia. Como ya se habrán dado cuenta, me gusta conocer los lugares caminando. Asique comenzamos recorriendo un poco Puerto Madero, pasando por el Puente de la Mujer, para llegar al hostel que quedaba por la zona de San Telmo. Todos lugares nuevos, pero dentro de todo me manejé bastante bien, podemos decir que casi ni me perdí 😉

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Puente de la Mujer.

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Fotito en el puente y Lucianita modo ekeko (con toda la ropa de abrigo puesta y salió un solaaazo… cosas que pasan).

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Amo el mosaiquismo, algún día es una de las tantas cosas que VOY a aprender.

Finalmente, luego de pasear bastante con mochila a cuestas, llegué al hostel y me instalé. Una de las cosas que me encantan de los hostels, además de compartir momentos y experiencias con otros viajeros y hacer amigos (muchas veces por un día pero con los que compartís mucho más que con muchas personas con las que convivís diariamente) es que suelen estar ambientados con puro espíritu viajero. En este caso, las distintas paredes estaban llenas de vinilos con frases inspiradoras en distintos idiomas. La que estaba al lado de la puerta de mi habitación era justo una que suelo tener de fondo de pantalla o en cartelitos coloridos en mi propia pieza, asique me sentí bien desde un principio.

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Algo así como “Viajar es la única cosa que compras que te hace más rico”.

A partir de este momento les voy compartiendo los distintos paseos que fui haciendo y que recomiendo, numerados y todo.

1

Cruzar la Avenida 9 de Julio, llegar al Obelisco y caminar hasta la zona del Abasto (no se me ocurrió en el momento, tenía que retirar una entrada para un recital en el shopping jaja). Por ahí estaba el antiguo Mercado de Abasto de Buenos Aires y es en esta zona de la ciudad dónde se crió el cantante Carlos Gardel, justamente conocido como El Morocho del Abasto. El mercado fue cerrado en los 80 y en los 90 lo convirtieron en el Shopping Abasto que es hoy.

En este barrio tanguero existe hasta el Pasaje Carlos Gardel, donde hay una estatua del cantante, un monumento al bandoneón y otras esculturas de otras reconocidas figuras como Tita Merello, Roberto Goyeneche y Astor Piazzolla.

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Como dice el cartel, la Avenida 9 de Julio (“la más ancha du mundo”).

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Con el Obelisco, foto obligada. Le agradecemos al señor de Montenegro que me fotografió.

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Pasaje Carlos Gardel, con la estatua de Gardel y el Abasto de fondo. 

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Se respira Gardel en cada rincón. 

2

A la mañana siguiente, salí a caminar por la parte de microcentro. Plaza de mayo, la Catedral, el Cabildo, la Casa Rosada… Aproveché las visitas guidas para conocer estos últimos dos emblemáticos lugares por dentro.

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Adentro del Cabildo, arriba

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Sonriente junto al aljibe (?) 

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Terminó la visita guiada y le saqué fotito al Cabildo desde afuera, desde la Plaza de Mayo. 

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La Pirámide de Mayo.

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La Casa Rosada.

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Plaza de Mayo vista desde el balcón de la Casa Rosada, con el Cabildo de fondo.

Más tarde, tenía planeado ir a la Feria del Libro, asique como el trayecto era largo desde el centro hasta La Rural (en Palermo) y no tenía demasiado tiempo para hacerlo “paseando y caminando” decidí experimentar otra cosita nueva… Andar en subte! Todavía no lo había probado asique me dio un poco de nervios buscar la estación, bajar, recorrer ese espacio tan particular hasta encontrar (aparentemente) dónde subir. Pero lo logré! Otra superación personal ^_^ Luego de hacer una laaaaaaaarguísima fila para entrar (porque era el último fin de semana de feria) logré pasar, recorrer y perderme en un mundo de libros y editoriales y gente y gente y gente… Hermoso. Pude estar presente en la presentación del libro Una suerte pequeña, de Claudia Piñeiro (les recomiendo esta autora si no la han leído aún, a mí me encanta) y hasta me traje a casa el libro dedicado por ella. Redondito.

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Mi primer viaje en subte! (me voló la cabeza! jaja)

3

Domingo. Día de recorrer la feria de San Telmo (y sacarme la foto con mi amiga Mafalda), llegar caminando al barrio de La Boca rodeando Parque Lezama… hasta alcanzar a ver desde lejos y cada vez más cerca LA BOMBONERA. Para todos los que tengan algún tipo de sentimiento futbolero les será fácil comprenderme. Fue uno de los días más felices de mi vida. No puedo ni describir lo que sentí. Empezaba a distinguir la cancha cuando faltaban algunas cuadras y el corazón me empezó a latir cada vez más fuerte, estaba super emocionada. Ni hablar cuando finalmente entré: en la parte del Museo dentro de todo pude contenerme y miré todos los cuadros, las camisetas, las copas, las estatuas… Pero cuando salí a la tribuna me quebré.

(Cualquier cosa, pregúntenle a mi mamá Betty, porque tuve que llamar a alguien para compartir ese momento y cuando me atendió yo no podía parar de llorar de la emoción, no se si me entendió algo y creo que se asustó un poco. La volví a llamar a la noche para que se quedara tranquila y me emocioné de vuelta, una loca mal.)

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Mafalda, Susanita y Manolito, algunos de los personajes de Quino. 

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Feria de San Telmo.

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Acá es cuando empecé a emocionarme.

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La felicidad personificada. 

Después de almorzar en la cancha (no me quería ir jajaja), recorrí Caminito y fui al Museo Benito Quinquela Martín. El artista diseñó el museo e instaló allí su estudio y su casa, por lo que cuando recorres el museo en distintos lugares te vas encontrando con (además de pinturas y obras relacionadas con la zona, con el puerto, con los barcos) sus grandes obras y objetos personales, con su cocina, su piano, su habitación… Es muy entretenido. Hoy en día (2017) se paga para entrar un bono contribución de $40, cuando fui pagué un poco menos.

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El colorido de las casas de Caminito.

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Conventillo. Colores y más colores. Lo que se dice “un museo a cielo abierto”.

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Benito Quinquela Martín hecho escultura (con mano en el bolsillo, re canchero)

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Al fondo, la estructura roja, es el puente Nicolás Avellaneda, sobre el Riachuelo.

4

Como yo misma voy notando a medida que agrego las fotos a la publicación, mis paseos comienzan después de las 10 de la mañana 😉 Esa es otra de mis características que no había revelado hasta ahora: me gusta mucho dormir (esto también pueden consultarlo con mi madre jajaja) pero una vez que me levanto, me despierto y desayuno, me gusta disfrutar de cada momento del día (y sobre todo de viaje). Seguimos. Este último día completo que pasé en la capital, lo dediqué a caminar recorriendo el denominado “Paseo de la Historieta” hasta llegar al Museo del Humor. Este circuito callejero arranca en San Telmo, en la escultura de Mafalda (a la que luego se sumaron Susanita y Manolito) y pasa por el barrio de Monserrat, hasta Puerto Madero, rindiendo homenaje a distintos personajes de la historieta argentina: Mafalda, Isidoro Cañones, Larguirucho y Super Hijitus, Don Fulgencio, Clemente, Patoruzú, entre tantos otros. Obviamente les saqué fotos a todas las esculturas, pero no los quiero aburrir asique les comparto mis favoritas. Si un día quieren ver todas las fotos, dense una vuelta por mi facebook 😉

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Ir encontrando esto por las calles cuando ya estás por volver a casa es una señal para empezar a planear nuevos viajes…

(Para mí todo es una señal asique es una frase que verán seguido por acá… )

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Hermoso mural en una esquina dedicado a Leonardo Favio (cantante, compositor, productor cinematográfico, director, guionista y actor argentino: un genio total).

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Don Fulgencio (“El hombre que no tuvo infancia”, obra de Lino Palacio).

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Con Clemente (fanático de fútbol, creado por Caloi).

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Diógenes y el Linyera (de Tabaré) tirados en la plaza bajo un árbol.

De este día no les comparto más porque lo que hice después fue ir a un recital de mi adorado Abel Pintos, asique desde la tarde estuve reunida con otras abeleras en la puerta del teatro, merendamos y vivimos a pleno el show. Ya les compartiré en algún otro momento la experiencia de un viaje plenamente abelero.

5

Mis últimas horas en Buenos Aires no las iba a pasar sentada esperando que saliera el colectivo. Asique una vez que hice el check out del hostel, guardé la mochila en el cuartito destinado a ello y salí a dar una última recorrida de despedida. Pasé por el Teatro Colón, por el famoso Café Tortoni, por el Congreso de la Nación y miré desde afuera el hermosísimo Palacio Barolo. Justamente me quiero despedir con una imagen de este edificio precioso inspirado en la Divina Comedia de Dante que en ese momento no pude recorrer por dentro pero que iba a ser uno de los lugares recorridos en un futuro viaje. 

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See you next time, BA!

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